El horror del crimen en serie se da cita en México en una macabra muestra que descubre los sangrientos métodos de “Jack, el destripador” y la letal frialdad de “La mataviejitas”, una mexicana que se hizo pasar por enfermera para estrangular a una decena de ancianas.
La exposición está abierta al público hasta el mes de abril en el Centro Cultural Policial de Ciudad de México y presenta un recorrido internacional por las terribles andanzas de los principales exponentes del oscuro mundo del asesino en serie.
Cuerpos ensangrentados, osamentas y fragmentos humanos aparecen como trofeos de una veintena de criminales en una muestra que produce escalofríos, gracias también a la narración de los crímenes, que es posible escuchar en una grabación con audífonos.
Lejos de promover el morbo, el museo reflexiona sobre los actos de hombres y mujeres que traspasaron los límites de la naturaleza humana, afirmó hoy a Efe su comisario, Cutberto Enríquez.
El material de la exposición, organizada por la empresa Museo Medieval, proviene de tres museos italianos de criminalística y llega por primera vez a América tras haber sido exhibido antes en varios países de Europa.
Su próximo destino es el Museo del Hombre, en San Diego (California, EEUU).
El tenebroso recorrido comienza con uno de los más reconocidos asesinos de finales del siglo XIX, “Jack el destripador”, que mató a una veintena de mujeres camuflado en la niebla de las noches londinenses.
Los criminales mexicanos también ocupan un lugar privilegiado en el recinto y entre ellos resalta Juana Barraza, conocida como “La mataviejitas”, quien entre 2003 y 2005 asesinó al menos a diez ancianas.
Barraza se ganaba la confianza de las mujeres haciéndose pasar por una empleada del Instituto Nacional de la Senectud y dentro de sus casas les quitaba la vida estrangulándolas.
Tan o más brutales fueron sus compatriotas “Las poquianchis”, tres hermanas llamadas Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela que se dedicaban a la trata de personas en el centro de México.
Durante 20 años reclutaron a jovencitas para prostituirlas en su cantina “La Barca de Oro”, pero cuando dejaron de serles útiles las asesinaron a golpes.
En el local se encontraron los restos de 80 mujeres, once hombres y varios fetos, pero sólo se les responsabilizó de 17 muertes, lo que les valió una condena de 40 años de prisión y una indemnización a los familiares de las víctimas de 700.000 dólares.
Capítulo aparte merece Gregorio Cárdenas, un mexicano que en un intervalo de veinte días estranguló y enterró clandestinamente a cuatro mujeres.
Tres décadas después de sus crímenes, Cárdenas, apodado “El estrangulador de Tacuba”, se reincorporó a la sociedad y ejerció de abogado, escritor, pintor y guionista de cómic.
La presencia mexicana se completa con los “Narcosatánicos”, que desangraron y descuartizaron a catorce personas en un rito relacionado con la santería.
Entre los criminales extranjeros destaca el “Payaso asesino”, llamado John Wayne como el actor, quien invitaba a sus víctimas a cenar y luego las asesinaba y enterraba en el sótano de su casa, donde se encontraron 25 cadáveres.
El comisario de la exposición recordó que el término de “asesino serial” fue acuñado en los años setenta por Robert Ressler, fundador de la Unidad de Ciencias del Comportamiento y del Centro de Información de Crímenes Violentos del FBI (la Oficina Federal de Investigaciones, de EEUU).
“Ressler, después de entrevistar a los homicidas más violentos de la época descubrió, que la conducta de algunos asesinos se repetía continuamente dándole un matiz de fantasía y placer al agresor”, explicó a Efe.
La mítica mujer vampiro Erzebeth Bathory, una húngara que en el siglo XVI mató y se bebió la sangre de 650 vírgenes, y el caníbal ruso Andrei Chikatilo, que asesinó a 53 jóvenes y que se comía parte de los cuerpos de sus víctimas, completan una exposición que amenaza con quitar el sueño a más de uno
Escuchando: pero te vas a arrepentirrrrrrrrrr







